La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Al entrar en su habitación, el centinela que estaba en la puerta recordó al rey y a la reina que seguían prisioneros, mas a pesar de esto presentó las armas.
Por la precisión del movimiento con que se honró a la Majestad real, aun cautiva, el rey reconoció a un antiguo soldado.
—¿Dónde habéis servido, amigo mío? —preguntó el centinela.
—Señor, en las guardias franceses —contestó el hombre.
—Pues entonces —replicó el rey con sequedad—, no me sorprende veros aquí.
Luis XVI no podía olvidar que el 13 de julio de 1789 los guardias se habían pasado al pueblo.
El rey y la reina entraron en sus habitaciones; el centinela estaba en la misma puerta de la alcoba.
Una hora después, terminado su servicio, solicitó hablar con el jefe de la escolta, que era Billot.
Este último se hallaba en la calle cenando con los hombres que habían acudido de los diferentes pueblos inmediatos al camino, y procuraba hacerlos esperar allí hasta el día siguiente.
Pero los más, habiendo visto ya lo que deseaban, es decir, al rey, querían celebrar en su pueblo el día del Corpus.
Billot se esforzó para retenerlos, porque las disposiciones de la ciudad aristocrática le inquietaban.