La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Esto no nos presagia nada bueno.
De aquellos tres hombres el de más edad se adelantó, y abriendo brutalmente la portezuela del coche del rey, dijo:
—Yo soy Pétion, y he aquà a los señores Barnave y Latour-Maubourg, enviados como yo y conmigo por la Asamblea nacional para serviros de escolta y velar, a fin de que la cólera del pueblo no os haga justicia por sà misma. Estrechaos un poco para dejarnos sitio.
La reina fijó en el diputado de Chartres y en sus dos compañeros una de esas miradas desdeñosas como las que dirigÃa de vez en cuando desde lo alto de su orgullo la hija de MarÃa Teresa.
El señor de Latour-Maubourg, caballero cortesano de la escuela de Lafayette, no pudo soportar aquella mirada.
—Sus Majestades —dijo—, van muy oprimidas en ese coche; yo ocuparé el que sigue.
—Haced lo que gustéis —dijo Pétion—, en cuanto a mà debo estar en el coche del rey y de la reina, y por lo tanto, subo.
Asà diciendo, penetró en el interior.
En el fondo estaban sentados el rey, la reina y madame Isabel.
Pétion los miró sucesivamente.
Y dirigiéndose a madame Isabel, la dijo: