La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Dispensad, señora; pero como representante de la Asamblea, el puesto de honor me pertenece. Tened la bondad de levantaros y de tomar asiento en la delantera.
—¡Oh! —murmuró la reina.
—¡Caballero! —dijo el rey.
—Ha de ser asÃ… Vamos, levantaos, señora, y dejadme sentar.
Madame Isabel se levantó y cedió su puesto, haciendo a su hermano y a su cuñada una señal de resignación.
Entretanto el señor de Latour-Maubourg se habÃa esquivado para ir a pedir un sitio a las dos damas del cabriolé, con más cortesÃa seguramente de la que habÃa tenido Pétion respecto al rey y a la reina.
Barnave habÃa quedado fuera, vacilante en penetrar en aquel coche, donde se hallaban ya siete personas oprimidas.
—Y bien, Barnave —dijo Pétion—, ¿no venÃs?
—Pero ¿dónde me pondré? —preguntó Barnave algo confuso.
—¿Queréis mi asiento, caballero? —preguntó la reina con acritud.
—Gracias, señora —contestó Barnave ofendido; un sitio en la delantera me bastará.