La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Nosotros sabemos que a los ojos de todo el mundo, Mirabeau había pasado por hombre a quien el rey honró con su confianza y la reina con su benevolencia. La sola y única entrevista que obtuvo el negociador del palacio de Saint-Cloud, hizo creer que se habrían seguido muchas audiencias secretas, en las que la presunción de Mirabeau llegó hasta la audacia, y la condescendencia de la reina hasta la debilidad. En aquella época estaba de moda, no sólo calumniar a la pobre María Antonieta, sino dar crédito a las calumnias.
Lo que ambicionaba Barnave era la herencia entera de Mirabeau; y de aquí su afán en ser uno de los tres comisarios que debían ser enviados cerca del rey.
Efectivamente, conseguido esto marchó con la seguridad del hombre que sabe que en caso de no tener el talento de hacerse querer, a lo menos tendría el medio de hacerse odiar.
Esto es lo que la reina, con su rápido golpe de vista, había presentido, casi adivinado.
Y también adivinaba la preocupación actual de Barnave.
Durante el primer cuarto de hora que Barnave estuvo sentado frente a la reina, el joven diputado se volvió cinco o seis veces para examinar con escrupulosa atención a los tres hombres que iban sentados en el pescante, y después volvió otras tantas su vista hacia la reina con más dureza y más hostilidad.