La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —SÃ, los dos nos dirigimos a la habitación del Rey, señora, y diez minutos después se presentó. Como la misión de que se trataba era urgente, el Rey comenzó por hablar de ella, dÃjonos que tenÃa por objeto dar a conocer a Sus Altezas los prÃncipes los acontecimientos que acababan de ocurrir. Un cuarto de hora después de volver Su Majestad, mi hermano habÃa marchado a TurÃn, y yo me quedé solo con el Rey. Este último se paseó un instante muy pensativo, y deteniéndose de pronto delante de mÃ, me dijo:
«—Señor Conde. ¿Sabéis qué ha pasado entre la Reina y la Condesa?
»—No, señor —contesté.
»—Es preciso —replicó el Rey—, que haya ocurrido alguna cosa, pues he encontrado a la Reina de un humor infernal, y a lo que me parece injusto para la Condesa, lo cual no es su costumbre, tratándose de amigas, a quienes defiende aunque hayan cometido faltas.
»—No puedo hacer más qué repetir a Vuestra Majestad lo que ya he tenido el honor de manifestarle; ignoro completamente lo que ha pasado entre la Condesa y la Reina, y ni siquiera sé si ha sucedido alguna cosa. En todo caso, señor, os haré asegurar de antemano que si hay falta por una parte o por otra, suponiendo que una reina pueda cometerla, no será por culpa de la Condesa».