La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Os doy gracias, caballero —dijo Andrea—, por haber juzgado tan bien de mÃ.
«—En todo caso —replicó el Rey—, si la Reina no sabe dónde se halla la Condesa, vos debéis saberlo.
»Yo no sabÃa mucho más que la Reina sobre este punto pero contesté:
»—Señor, sé que la Condesa tiene una casita en la calle de Coq-Héron, y sin duda se habrá retirado allÃ.
»—¡Oh!, sÃ, seguramente estará en esa casa —dijo el Rey—; id a enteraros; os doy licencia hasta que mañana, con tal que volváis en compañÃa de la Condesa».
La mirada de Charny, al pronunciar estas palabras, se habÃa fijado de tal modo en Andrea que esta última, sintiendo malestar, y sin poder resistir la expresión de aquellos ojos, cerró los suyos.
«—Le diréis —continuó Charny hablando siempre en nombre del Rey—, que encontraremos aquà para ella, aunque hubiera de buscarlo yo mismo, un alojamiento, no tan grande como el que tenÃa en Versalles, seguramente; pero bastante capaz para marido y mujer. Id, señor de Charny, id; la Condesa debe estar inquieta respecto a su esposo, y a vos debe sucederos lo mismo».