La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Después, llamándome cuando habÃa dado algunos pasos hacia la puerta, añadió, alargándome la mano, que yo besé:
«—A propósito, señor de Charny, al veros vestido de luto, debà comenzar por esto… Habéis tenido la desgracia de perder a vuestro hermano; pero no es posible, ni aun al Rey, consolar tales desgracias, aunque sà podrá decir: si vuestro hermano era casado, si tenÃa mujer e hijos, serán adoptados por mÃ. En tal caso, caballero, si existen, traedlos y presentádmelos; la Reina se encargará de la madre y yo de los hijos».
Y como al pronunciar estas palabras asomase una lágrima en los párpados de Charny, Andrea le preguntó:
—¿Y sin duda, el Rey, no hacÃa más que repetir lo que la Reina os habÃa dicho?
—La Reina, señora —contestó Charny con voz temblorosa—, no me habÃa hecho ni siquiera, el honor de dirigirme la palabra sobre este particular, y he aquà por qué ese recuerdo del Rey me conmovió tan profundamente, que al verme llorar me dijo: