La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Ningún preparativo se había hecho en aquel punto para recibir a la familia real, que debió apearse en una posada.
Bien fuese por haberlo dispuesto así Pétion, resentido del silencio que el rey y la reina guardaron con él durante el camino, o ya porque la posada estuviera llena de gente, sólo se encontraron tres buhardillas, en las cuales se instalaron los augustos prisioneros.
Charny, al bajar del coche, quiso según acostumbraba, acercarse a los reyes para tomar sus órdenes; pero la reina le hizo seña con los ojos para que se mantuviese lejos.
El conde, sin saber el motivo de esta recomendación, obedeció al momento.
Pétion entró en la posada y se encargó de todo: no quiso tomarse el trabajo de volver a bajar, y comisionó a un mozo para que anunciase a la familia real que los cuartos estaban prontos.
Barnave estaba sumamente apurado; tenía vehementes deseos de ofrecer el brazo a la reina; pero temió que la persona que algún tiempo hacía se había burlado tanto de la etiqueta en la persona de madame de Noailles, pudiese invocarla cuando Barnave faltase a ella.
Esperó, pues.
