La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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—Sí —contestó el mozo—, este es el comedor y al lado están las habitaciones de los señores de la Asamblea nacional.

Una nube pasó por los ojos de Barnave. Pétion había tomado los cuartos del piso principal para sí y sus colegas, y relegó la familia real en el segundo.

Sin embargo, el joven diputado nada decía, y temiendo sin duda el primer movimiento de la reina al ver los cuartos que Pétion había destinado para ella y su familia, Barnave soltó al delfín y le dejó en la meseta de la escalera, al llegar al piso segundo.

—¡Señora, señora! —dijo el joven príncipe dirigiéndose a su madre—, mi amigo Barnave se va.

—Hace bien —dijo riendo la reina—, que acababa de dirigir una mirada a las habitaciones.

Aquellos aposentos eran tres piezas, que se comunicaban las unas con las otras.

La reina con su hija, ocupó la primera; madame Isabel, el delfín y madame de Tourzel, ocuparon la segunda; el rey, en fin, se instaló en la tercera, que era un gabinetillo con puerta de escape a la escalera.

Luis XVI estaba cansado y quiso, en tanto que preparaban la cena, reposarse algunos instantes; pero la cama era tan corta, que al cabo de algunos minutos se vio precisado a levantarse, y abriendo la puerta pidió una silla.


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