La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Los señores de Malden y de Valory se hallaban ya en sus puestos, sentados en la escalera. El de Malden, que se hallaba más a mano, bajó al comedor y tomó una silla y la dio al rey.
Luis XVI, en cuya habitación había ya una silla de madera, colocó esta otra de manera que alargara su cama cuanto exigía su estatura.
—¡Oh! —dijo el caballero de Malden, juntando sus manos y moviendo la cabeza con muestras de dolor, y ¿piensa Vuestra Majestad pasar así la noche?
—Y ¿por qué no? —dijo el rey.
Y en seguida añadió:
—Si lo que me dicen de la miseria de mi pueblo es cierto, ¡cuántos de mis súbditos se juzgarían felices de tener este gabinetillo, esta cama y estas dos sillas!
Y se acostó sobre aquel improvisado lecho, preludiando así sus largos dolores del Temple.
Un instante después vinieron a anunciar a Sus Majestades que la cena estaba servida.
El rey bajó, y al ver seis cubiertos en la mesa, preguntó:
—¿Por qué hay seis cubiertos?
—Porque hay seis personas —contestó el mozo—, el rey, la reina, madame Isabel, madame Royale, el delfín y el señor Pétion.