La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Y ¿por qué no los hay también para los señores Barnave y de Latour-Maubourg? —preguntó nuevamente el rey.
—Los habÃa, señor —contestó el criado—, pero el señor Barnave los ha hecho quitar.
—Y ¿ha dejado el del señor Pétion?
—El señor Pétion lo exigió asÃ.
En aquel momento apareció en la puerta la fisonomÃa grave, o más bien austera, del diputado por Chartres.
El rey, como si ignorase que estaba allÃ, contestó:
—Yo me siento a la mesa con mi familia; comemos solos o con las personas a quienes invitamos, o de otro modo no comemos.
—Ya sabÃa yo —dijo Pétion—, que Vuestra Majestad habÃa olvidado el primer artÃculo de la Declaración de los derechos del hombre; pero creÃa que a lo menos aparentase acordarse de él.
El rey aparentó no haber oÃdo a Pétion, y salió furioso.
—Señor de Malden —dijo el rey—, cerrad la puerta para que, en cuanto sea posible, estemos solos.
El guardia de corps obedeció y Pétion pudo oÃr el ruido que hizo la puerta al cerrarla.
Asà logró el rey comer en familia.