La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los dos guardias de corps sirvieron según costumbre.

Charny no se presentó: si no era el criado, era siempre el esclavo de la reina.

Pero había momentos en que esta obediencia pasiva a la reina, hería a la mujer; así es que durante la comida, María Antonieta, impaciente, buscó con la vista a Charny; hubiera deseado que después de haberla obedecido un instante, concluyese por desobedecerla.

En el momento en que el rey, después de haber cenado, movió la silla para levantarse, se abrió la puerta de la sala y el mozo, al entrar, rogó a Sus Majestades, en nombre del señor Barnave, que tomasen los cuartos del piso principal en vez de los suyos.

Luis XVI y María Antonieta se miraron. ¿Debían mostrar dignidad o rehusar la atención del uno para castigar la grosería del otro? Acaso el rey lo pensó así, pero el delfín corrió al salón, gritando:

—¿Dónde está mi amigo Barnave?

La reina siguió al delfín y el rey a la reina.

Pero Barnave no estaba en el salón.

María Antonieta pasó a las habitaciones, que eran tres, lo mismo que el piso superior.

No eran elegantes, pero estaban limpias; sobre las mesas lucían algunas bujías en candeleros de cobre, que ardían profusamente.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker