La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Y metiendo en el bolsillo los papeles del pobre Isidoro, besó otra vez la carta que habÃa dejado intacta, la puso sobre su corazón y bajó precipitadamente.
En la escalera encontró a Barnave, que preguntaba por la reina, y al mismo tiempo encargaba al señor de Valory que tomase las órdenes para continuar el viaje.
Era fácil conocer que Barnave tampoco se habÃa acostado ni dormido.
Ambos se saludaron, y Charny hubiera podido observar un cierto aire celoso que despedÃan los ojos de Barnave, al oÃrle preguntar por la salud de la reina, si hubiese podido pensar en cosas diferentes de la carta que su brazo apretaba contra el corazón.