La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Yo contestarÃa. «¡Pobre princesa querida, no me dais consejos, sino un curso de historia; ya está hecho este, y ahora espero aquellos!».
—¡Oh!, esos consejos, señora —replicó Barnave—, si no rehusáis seguirlos, no solamente os los darÃan los muertos sino los vivos también.
—Muertos o vivos, que hablen los que deben hablar. ¿Quién dice que no se escucharán los consejos si son buenos?
—¡Dios mÃo, señora!, muertos y vivos no os darÃan más que uno.
—¿Cuál?
—Haceros amar del pueblo.
—¡Vaya una cosa fácil, hacerse amar de vuestro pueblo!
—¡Oh, señora!, ese pueblo es más vuestro que mÃo, y la prueba es que a vuestra llegada a Francia os adoraba.
—¡Oh, caballero!, ¡de qué cosa tan frágil habláis, de la popularidad!