La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Después de la cena, los tres oficiales, como habían recibido órdenes, subieron a la habitación del rey.
La princesa, el delfín y la señora de Tourzel estaban en su aposento; el rey, la reina y madame Isabel, esperaban.
Al entrar los jóvenes, el rey dijo:
—Señor de Charny, tened la bondad de cerrar la puerta para que nadie nos interrumpa, pues debo comunicaros algo de la más alta importancia. Ayer, señores, en Dormans, el señor de Pétion me propuso facilitar vuestra fuga bajo un disfraz; pero la reina y yo nos hemos opuesto por temor de que esta proposición fuese un lazo, y que se intentase alejaros de nosotros para daros muerte o entregaros a una comisión militar en cualquiera provincia, donde se os condenaría a ser fusilado sin dejaros ningún recurso. La reina y yo hemos rechazado, por consiguiente, la oferta bajo nuestra responsabilidad; pero hoy el señor Pétion ha vuelto a tratar del asunto, comprometiendo su honor de diputado, y creo deber daros cuenta de lo que teme y de lo que propone.
—Señor —contestó Charny—, antes de que Vuestra Majestad vaya más lejos —y no solamente hablo en mi nombre, sino que creo ser intérprete de los sentimientos de estos señores—, antes de ir más lejos, ¿nos concederá el rey una gracia?
