La Condesa de Charny
La Condesa de Charny La reina debió interrumpirse también mientras que escribÃa para sacar un pañuelo del bolsillo y enjugarse los ojos.
Después, cuando hubo terminado, volvióse hacia Charny y le dijo:
—¡Ay!, señor conde, ya sé que no tenéis a quien recomendarme, porque vuestros padres han muerto, y vuestros dos hermanos…
La voz faltó a la reina.
—Mis dos hermanos —añadió Charny—, han tenido la dicha de morir por Vuestra Majestad; pero el último que sucumbió ha dejado un pobre niño, el cual me recomienda por una especie de testamento hallado entre sus papeles. La joven madre fue sustraÃda a su familia, de la cual no debe esperar ya perdón; pero mientras que yo viva, ni ella ni su hijo carecerán de nada. Sin embargo, Vuestra Majestad lo ha dicho ahora con su admirable valor; todos estamos amenazados de muerte, y si esta me sorprendiese, la pobre joven y su hijo quedarÃan sin recursos. Dignaos, señora, apuntar el nombre de una campesina, y si tuviera, como mis dos hermanos, la dicha de morir por mis augustos señores, dispensad vuestra generosidad a Catalina Billot y a su hijo, a los cuales encontrará en el pueblecillo de Ville-d’Avray.