La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Deseáis una explicación respecto a la señora Andrea; pues bien, pedÃdsela al doctor Gilberto, que os la puede dar mejor que nadie.
Entretanto el doctor habÃa entrado, oyendo las palabras que MarÃa Antonieta acababa de pronunciar, y habÃa permanecido de pie e inmóvil en el umbral de la puerta.
En cuanto a la reina, devolviendo a Charny el billete de su hermano, dio algunos pasos en dirección a su gabinete tocador; pero más rápido que ella, el conde la cerró el paso, y cogiéndola del brazo, dijo:
—Dispensad, señora, pero esa explicación debe darse delante de vos.
—¡Caballero —exclamó la reina, con los ojos brillantes y los dientes apretados—, me parece que olvidáis quién soy!
—¡Sois una amiga ingrata que calumnia a su amiga; sois una mujer celosa que insulta a otra mujer, a la esposa de un hombre que desde hace tres dÃas arriesgó veinte veces la vida por vos, la esposa del conde de Charny! Por lo tanto, delante de vos, que la habéis calumniado e injuriado, se hará justicia… Sentaos, pues, y esperad.
—Pues bien, sea —dijo la reina—. Señor Gilberto —continuó, tratando de sonreÃr sin conseguirlo—, ya oÃs lo que el señor desea.