La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Al fin se anunció el regreso del rey y de la familia real para el sábado 26.
Los augustos prisioneros habían pernoctado en la población de Meaux.
Calculando el tiempo y el espacio según la marcha acostumbrada, el rey debía estar en París antes de medio día; suponiendo que volviera a las Tullerías por el camino más directo, entraría en París por el arrabal San Martín.
A las once, la señora de Charny, vestida con la mayor sencillez y el rostro cubierto por un velo, hallábase en la barrera.
Esperó hasta las tres. A estas horas las primeras oleadas de la multitud, que lo arrollaba todo a su paso, anunciaron que el rey, dando la vuelta a la ciudad, entraría por la barrera de los Campos Elíseos.
Era necesario atravesar todo París y a pie, pues nadie se hubiera atrevido a circular en coche en medio de la compacta multitud que llenaba las calles.
Desde la toma de la Bastilla, jamás se había visto semejante muchedumbre en el bulevar.
Andrea no vaciló, y tomando el camino de los Campos Elíseos llegó de las primeras.
Allí esperó otras tres horas, tres horas mortales.
Al fin apareció el cortejo. Ya hemos dicho en qué orden y en qué condiciones marchaba.