La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Al cabo de una semana de estar en la casa el nuevo huésped, Lauthenas, Roland y él se convenían tan bien, y aquel grupo formaba tan armoniosa trinidad por su fidelidad a la patria, por su amor a la libertad y por respeto a todas las cosas santas, que los tres hombres resolvieron no separarse ya y vivir juntos, contribuyendo a los gastos por partes iguales.
Cuando Bancal los abandonó momentáneamente, fue cuando se hizo sentir la necesidad de aquella reunión.
«Venid, amigo mío —le escribía Roland—. ¿Por qué tardáis? Ya habéis visto nuestro modo franco de vivir y de obrar; y a mi edad no se cambia cuando no se ha variado nunca. Nosotros predicamos el patriotismo y elevamos el alma. Lanthenas desempeña sus deberes de doctor; mi mujer es la enfermera, y vos y yo dirigiremos los asuntos de sociedad».
La reunión de aquellas tres medianías doradas formaba, en efecto, algo semejante a una pequeña fortuna: Lanthenas poseía veinte mil libras poco más o menos; Roland setenta mil y Bancal cien mil.