La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¿El Republicano? —preguntó—. Quisiera que me explicaseis que es la república.
En este punto estaban cuando llegaron a casa de Pétion los dos Roland, el marido austero y resuelto como siempre, y la esposa tranquila, más bien risueña que atemorizada, con sus hermosos ojos lÃmpidos y expresivos. VenÃan de su casa de la calle Guénegaud; habÃan visto el anuncio de los Franciscanos y no creÃan que el rey fuese necesario para la nación.
El valor del marido y de la mujer infunde ánimos a Robespierre, que vuelve a la sesión como observador, dispuesto a utilizarse de todo desde el rincón que ocupa, como la zorra emboscada junto a la madriguera. A eso de las nueve de la noche ve que la Asamblea se inclina al sentimentalismo, que se predica la fraternidad, y que para unir el ejemplo a la teorÃa se trata de ir todos juntos a ver a los Jacobinos, con los cuales se está en muy mala inteligencia, y a los cuales se llama cuadrilla de asesinos.
Entonces Robespierre se desliza de su banco, dirÃgese hacia la puerta casi arrastrándose, corre a los Jacobinos, sube a la tribuna y denuncia al rey, al ministerio, a Bailly, a Lafayette, a la Asamblea entera, repite la fábula de la mañana, desarrolla una San Bartolomé imaginaria y acaba por ofrecer su existencia en el altar de la Patria.