La Condesa de Charny
La Condesa de Charny No vengarse de Charny ni tampoco odiar a Andrea, cuando piensa en ellos; se aborrece a sà propia, y de ella es de quien querÃa vengarse, porque es demasiado leal para no decirse que de su parte están todas las faltas y todas las abnegaciones.
¡Oh!, si pudiese aborrecerlos, serÃa demasiado feliz.
Pero lo que ella odia, y desde lo más profundo de su corazón, es aquel pueblo que ha puesto la mano sobre ella como sobre una fugitiva ordinaria, que la ha colmado de disgustos, persiguiéndola con injurias y desvergüenzas. SÃ, aborrece mucho a aquel pueblo que la ha llamado señora Déficit, señora Veto, que la llama Austriaca y que la llamará la viuda Capeto.
Y si puede vengarse, ¡oh!, ¡cómo se vengará!
Ahora bien; lo que la traÃa Barnave el 30 de julio de 1791, a las nueve de la noche, mientras que madame Roland copia enfrente de su esposo aquella protesta cuyo contenido ignoramos aún, es tal vez la impotencia y la desesperación, pero quizá sea también ese manjar divino que se llama la venganza.
En efecto, la situación es suprema.
Sin duda que, gracias a Lafayette y a la Asamblea nacional, se habÃa parado el primer golpe con el escudo constitucional, diciéndose que el rey no habÃa huido, sino que se le habÃan llevado.