La Condesa de Charny
La Condesa de Charny El doctor Gilberto era quien estaba encerrado con el rey en el momento en que, obedeciendo la orden de Isidoro, y a petición de Sebastián, el ujier fue a informarse.
Al cabo de media hora, poco más o menos, Gilberto salió; el rey tenÃa cada vez más confianza en él, y con su sentimiento de rectitud apreciaba cuanto habÃa de lealtad en el corazón de Gilberto.
Al salir, el ujier le anunció que le esperaban en la antecámara de la reina.
Acababa de penetrar en el corredor que a ella conducÃa, cuando una puerta de escape se abrió y cerró cerca de él, dando paso a un joven que, no conociendo tal vez las localidades, vacilaba en tomar la derecha o la izquierda.
Al ver que Gilberto iba hacia él, se detuvo para interrogar, y entonces el doctor, fijando su atención en el rostro del joven, iluminado por la luz de un quinqué, exclamó:
—¡Señor Isidoro de Charny!…
—¡El doctor Gilberto!… —contestó Isidoro.
—¿Sois vos quién me hacÃa el honor de llamarme?
—Precisamente, sÃ, doctor, yo… Y además alguna otra persona…
—¿Quién?
