La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Es una persona que encontré en el camino, inquieta por lo que podrÃa haberos pasado, y que venÃa a pie a ParÃs…; es un joven que hice montar a la grupa de mi caballo, para traerle aquÃ.
—¿Os referÃs a Pitou?
—No, doctor, hablo de vuestro hijo Sebastián.
—¡De Sebastián!… —exclamó Gilberto—. ¿Y dónde está?
Y sus ojos recorrieron rápidamente todos los ángulos del vasto salón.
—Aquà estaba; habÃa prometido esperarme, y sin duda el ujier a quien se le recomendé, no queriendo dejarle sólo, se le habrá llevado consigo.
En aquel momento entró el ujier, pero iba solo.
—¿Qué ha sido del joven a quien dejé aqu� —preguntó Isidoro.
—¿Qué joven? —preguntó aquel.
Gilberto tenÃa mucho dominio sobre sà y se estremeció, Pero se contuvo y acercóse a su vez.
—¡Oh, Dios mÃo! —exclamó el barón de Charny sin poder contenerse, experimentando un principio de inquietud.
—Vamos, caballero —dijo Gilberto con voz firme, evocad todos vuestros recuerdos… Ese muchacho es mi hijo, no conoce ParÃs, y si por desgracia ha salido del palacio, corre peligro de perderse.