La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¿Un niño? —preguntó otro ujier que entraba en aquel momento.
—SÃ, un niño, casi un joven.
—¿De unos quince años?
—¡Eso es!
—Le he visto por los corredores siguiendo a una dama que salÃa de las habitaciones de Su Majestad.
—¿Y sabéis quién es esa dama?
—No, llevaba el manto echado sobre el rostro.
—Pero ¿qué hacÃa?
—Al parecer se alejaba huyendo, y el muchacho la perseguÃa, gritando: «¡Señora!».
—Bajemos —dijo Gilberto—, el portero nos dirá si ha salido.
Isidoro y el doctor penetraron en el mismo corredor por donde una hora antes Andrea pasó seguida por Sebastián.
Se llegó a la puerta del patio de los PrÃncipes, y el portero fue interrogado.
—SÃ, en efecto —contestó este—, he visto una mujer que andaba tan rápidamente que parecÃa huir; iba seguida de un niño… la dama subió a un coche, y el muchacho se precipitó en pos, reuniéndose con ella.
—¿Qué más? —preguntó Gilberto.
—La dama atrajo al niño, le besó apasionadamente, dio las señas al cochero, cerró la portezuela, y el carruaje partió.