La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¿Recordáis esas señas? —preguntó Gilberto con ansiedad.
—SÃ, perfectamente: Calle de Coq-Héron, número 9, primera puerta cochera, partiendo de la calle Plâtrière.
Gilberto se estremeció.
—¡Pues esas mismas son las señas de mi cuñada, la señora condesa de Charny!
—¡Fatalidad! —murmuró Gilberto. En aquella época, muchos eran demasiado filósofos, para decir: «¡Providencia!». Y añadió en voz baja—: ¡La habrá reconocido!…
—Pues bien —dijo Isidoro—, vamos a casa de la señora condesa de Charny.
Gilberto comprendió en qué situación pondrÃa a Andrea, si se presentaba en su casa con su cuñado.
—Caballero —dijo—, hallándose Sebastián en casa de la condesa de Charny, está seguro, y como tengo el honor de conocerla, creo que en vez de acompañarme, serÃa más conveniente que os pusierais en camino, pues según he oÃdo decir en la habitación del Rey, presumo que sois vos quien marcha a TurÃn.
—SÃ, caballero.
—Pues bien, recibid las gracias por cuanto habéis hecho en favor de Sebastián, y marchad sin perder un momento.
—Sin embargo, doctor…