La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Cierto dÃa el rey se aventuró a cerrar aquella puerta.
El oficial la abrió de nuevo al punto.
Un instante después, el rey volvió a cerrarla.
Pero acto continuo el oficial abrió otra vez, y dijo:
—Señor, es inútil que cerréis esa puerta, pues cuantas veces lo hagáis, otras abriré, porque es la consigna.
La puerta permaneció abierta.
Todo cuanto se pudo obtener de los oficiales fue que, sin cerrarla completamente, se entornara cuando la reina se vistiese o se desnudase.
Pero una vez vestida o acostada, la puerta se abrÃa de nuevo.
Esto era una tiranÃa intolerable. A la reina se le ocurrió acercar a su lecho el de su doncella, de manera que esta se hallase entre su señora y la puerta. El lecho, con grandes cortinas, formaba como un biombo, detrás del cual la reina podÃa vestirse o desnudarse.
Cierta noche el oficial, viendo que la doncella dormÃa y que la reina estaba despierta, se aprovechó del sueño de la primera para entrar y acercarse al lecho de MarÃa Antonieta.