La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Dónde se asesinaba! ¿Pues qué ha sucedido, caballero? —preguntó la reina.
—Una gran desgracia, señora, y es que el partido de la corte ha triunfado.
—¿El partido de la corte ha triunfado? ¿Y llamáis a eso una gran desgracia, doctor?
—SÃ, porque ha triunfado por uno de esos medios terribles que enervan al triunfador, y que a veces le hacen caer junto al vencido.
—Pero ¿qué ha pasado?
—Lafayette y Bailly han mandado hacer fuego sobre el pueblo; de modo que ninguno de los dos podrán prestaros ya servicio alguno en adelante.
—¿Por qué?
—Porque han perdido su popularidad.
—Y ¿qué hacÃa ese pueblo contra el cual se ha tirado?
—Firmaba una petición pidiendo la proscripción.
—¿De quién?
—Del rey.
—Y ¿os parece qué se ha hecho mal tirando contra el pueblo? —preguntó la reina, cuyos ojos brillaron.
—Creo que hubiera sido mejor convencerle que no fusilarle.
—Pero ¿de qué se le ha de convencer?