La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —De la sinceridad del rey.
—¡Pero si el rey es sincero!
—Dispensad, señora… Tres dÃas hace que me separé del rey, y yo habÃa pasado toda la tarde tratando de hacerle comprender que sus verdaderos enemigos son sus hermanos, el señor de Condé y los emigrados y de rodillas le supliqué que rompiera toda relación con ellos, adoptando francamente la Constitución, salvo revisar los artÃculos cuya práctica harÃa reconocer que la aplicación era imposible, El rey convencido —yo lo creÃa al menos—, tuvo la bondad de prometerme que todo concluirÃa entre él y la emigración; pero detrás de mÃ, señora, el rey firmó y os hizo firmar una carta para su hermano mayor, en la cual le confiere sus poderes cerca del emperador de Austria y del rey de Prusia…
La reina se sonrojó como una niña cogida en falta; sólo que la niña dobla la cabeza, y ella la levantó.
—¿Tienen nuestros enemigos espÃas hasta en el gabinete del rey?
—SÃ, señora —contestó tranquilamente el doctor—, y por lo mismo es peligroso para el rey todo paso en falso.
—Pero, caballero, la carta ha sido escrita toda ella de mano del rey, firmada por mÃ, doblada y sellada por nosotros, y entregada después al correo que debÃa llevarla.