La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Sé que el rey es valeroso, como nieto de Enrique IV; sé que la reina es heroica, como hija de MarÃa Teresa, y por lo tanto no trataré nunca respecto a ellos más que de convencerlos; mas, por desgracia, dudo que me sea posible nunca persuadirles de lo que yo estoy convencido.
—¿Pues por qué os tomáis semejante molestia, caballero, si la juzgáis inútil?
—Para cumplir un deber, señora. Creedme, cuando se vive en tiempos tempestuosos como los nuestros, es muy grato decirse, cuando se hace algún esfuerzo, aunque haya de ser inútil: «¡He cumplido con un deber!».
La reina miró al doctor de frente.
—Ante todo, caballero —dijo—, ¿pensáis que sea posible aún salvar al rey?
—Lo creo.
—¿Y a la monarquÃa?
—Lo espero.
—Pues bien, señor doctor —repuso la reina con un suspiro de tristeza—, sois más feliz que yo, pues creo que uno y otra están perdidos, y lo digo asà porque me lo dicta mi conciencia.