La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Habéis hecho uso de Mirabeau, de Barnave, y después os serviréis de mÃ, y al fin concluirá todo!
—Señor Gilberto —dijo la reina— esperadme aquÃ… voy a ver al rey un momento y en seguida vuelvo.
El doctor se inclinó; la reina pasó delante de él y salió por la puerta que conducÃa a las habitaciones del rey.
El doctor esperó diez minutos, un cuarto de hora, media hora, y al fin se abrió la puerta, pero no la misma por donde la reina habÃa salido, sino otra situada en el lado opuesto.
Era un ujier, que después de mirar a todas partes con inquietud se adelantó hacia Gilberto, hÃzole una señal masónica, le entregó una carta y salió.
Gilberto abrió la carta y leyó:
Pierdes el tiempo, Gilberto; en este instante la reina y el rey escuchan al señor de Breteuil, que llega de Viena y que les trae el siguiente plan polÃtico:
Hacer con Barnave lo que con Mirabeau: ganar tiempo, jurar la Constitución y proceder con ella al pie de la letra para demostrar que es impracticable. Francia se enfriará y se cansará; los franceses tienen la cabeza ligera; vendrá alguna nueva moda y la libertad pasará.
Si no pasa se habrá ganado un año, y al cabo de este tiempo estaremos preparados para la guerra.