La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Deja, pues, a esos dos condenados, a quienes se llama aún por irrisión el rey y la reina, y dirÃgete sin perder momento al hospital de Gros-Caillou, donde hallarás un moribundo menos enfermo que ellos, porque tal vez puedas salvarle; mientras que el rey y la reina, sin que te sea dado hacer nada en su favor, te arrastrarán en su caÃda.
La carta no tenÃa firma, pero el doctor reconoció la letra de Cagliostro.
En aquel momento entró la señora de Campan, esta vez por la puerta de la reina, y entregó a Gilberto una esquela que decÃa lo siguiente:
El rey ruega al señor Gilberto que le dé a conocer por escrito todo el plan polÃtico que acaba de exponer a la reina.
Ocupada MarÃa Antonieta en un asunto importante, tiene el sentimiento de no poder volver a reunirse con el señor doctor, por lo cual serÃa inútil que esperase más tiempo.
Gilberto quedó un momento pensativo y murmuró, moviendo la cabeza:
—¡Insensatos!
—¿No tenéis ningún recado que enviar a Sus Majestades, caballero? —preguntó la señora Campan.
El doctor dio a la dama la carta sin firma que acababa de recibir.
—He aquà mi contestación —dijo.