La Condesa de Charny

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Capítulo CXXI

Diez minutos después Catalina, Pitou y el pequeño Isidoro iban en el coche del doctor Gilberto, que corría por el camino de París.

El vehículo se detuvo delante del hospital de Gros Coillon.

Catalina se apeó, y cogiendo al niño en brazos siguió a Pitou.

Llegada a la puerta de la ropería se detuvo.

—Me habéis asegurado —dijo a Pitou—, que encontraríamos al doctor junto al lecho de mi padre.

—Sí —contestó.

Y entreabrió la puerta.

—Y allí está, efectivamente —dijo.

—Ved si puedo entrar sin temor de ocasionar una emoción demasiado fuerte.

Pitou entró en el aposento, interrogó al doctor y volvió casi al punto a decir a Catalina:

—El trastorno producido por el golpe que recibió es tal, que aún no reconoce a nadie, según dice el señor Gilberto.

Catalina iba a entrar con el pequeño Isidoro en brazos.

—Dadme vuestro niño, señorita —dijo Pitou.

Catalina vaciló un momento.

—¡Oh!, dármelo a mí —dijo el joven—, es como si no le dejaseis.


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