La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Diez minutos después Catalina, Pitou y el pequeño Isidoro iban en el coche del doctor Gilberto, que corrÃa por el camino de ParÃs.
El vehÃculo se detuvo delante del hospital de Gros Coillon.
Catalina se apeó, y cogiendo al niño en brazos siguió a Pitou.
Llegada a la puerta de la roperÃa se detuvo.
—Me habéis asegurado —dijo a Pitou—, que encontrarÃamos al doctor junto al lecho de mi padre.
—Sà —contestó.
Y entreabrió la puerta.
—Y allà está, efectivamente —dijo.
—Ved si puedo entrar sin temor de ocasionar una emoción demasiado fuerte.
Pitou entró en el aposento, interrogó al doctor y volvió casi al punto a decir a Catalina:
—El trastorno producido por el golpe que recibió es tal, que aún no reconoce a nadie, según dice el señor Gilberto.
Catalina iba a entrar con el pequeño Isidoro en brazos.
—Dadme vuestro niño, señorita —dijo Pitou.
Catalina vaciló un momento.
—¡Oh!, dármelo a mà —dijo el joven—, es como si no le dejaseis.
