La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pues hacéis mal, porque los cánones de la Iglesia no lo prohíben.

—¡Oh!, no es que me esté prohibido el vino; yo no bebo porque me cuesta nueve sueldos la botella.

—¿Conque seguís siendo avara, tía Angélica? —preguntó el abate recostándose en su sillón.

—¡Ay de mí!, señor abate, preciso es que lo sea el pobre.

—¡Vamos, no tan pobre! ¿Y el alquiler de las sillas que os cedo por nada, tía Angélica, cuando me daría por él cien escudos el primer llegado?

—¡Ah!, no adelantaría mucho esa persona. ¡Creedme, no hay más que agua para beber!

—Por eso os ofrezco un vaso de vino, tía Angélica.

—Aceptad —dijo la señorita Adelaida—, pues de lo contrario mi tío se incomodará.

—¿Creéis que esto le enoje? —preguntó la solterona, que ardía en deseos de aceptar.

—Seguramente.

—Vamos, pues dos deditos de vino, señor abate, para no desairaros —dijo la tía Angélica.

—¡Pues ahí va! —contestó el abate Fortier, llenando un vaso de un rico Borgoña de color rubí—, bebed eso, buena mujer, y cuando contéis vuestros escudos, creeréis tener doble número.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker