La Condesa de Charny

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Capítulo CXXII

Entretanto Catalina proseguía su camino; al salir de la callejuela había tomado la izquierda, para seguir la calle de Lormet, y al fin de ella dirigióse por un sendero trazado a través de los campos, que le permitió llegar al camino de Pisseleu.

Todo era un recuerdo doloroso para Catalina a lo largo de aquel camino.

Por lo pronto fue el pequeño puente donde Isidoro se despidió de ella, y donde quedó sin conocimiento hasta que Pitou la encontró fría y helada.

Después, al acercarse a la granja, el sauce hueco donde Isidoro ocultaba sus cartas.

Luego, al aproximarse más aún, aquella ventanita por la cual Isidoro entraba en su cuarto, y bajo la cual hubiera caído tal vez si la escopeta del labrador no hubiera fallado el tiro.

Más allá, frente a la puerta de la granja, aquel camino de Boursonnes que Catalina había recorrido tan a menudo, pues por él venía Isidoro…

¡Cuántas veces, apoyada en aquella ventana, con la mirada fija en el camino, ansiosa y palpitante, había esperado al joven para salir a su encuentro!

Hoy había muerto ya; pero al menos le quedaba su hijo.

¿Qué decía, pues, toda aquella gente de su deshonra y de su vergüenza?


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