La Condesa de Charny
La Condesa de Charny DONDE FORTIER REALIZA, RESPECTO A LA MADRE BILLOT,
LA AMENAZA QUE HABÍA HECHO LA TÍA ANGÉLICA
Catalina cerró piadosamente los ojos de su madre, con la mano primero y después con los labios.
Hacía largo tiempo que la señora Clement había previsto aquella hora suprema, tanto que compró de antemano dos cirios.
Mientras que Catalina, bañada en lágrimas, traía a la habitación a su hijo que lloraba, dándole el pecho para que durmiese, la señora Clement colocaba los dos cirios a los lados del lecho, cruzaba las dos manos de la difunta sobre su seno, poniendo un crucifijo entre ellas, y colocaba sobre una silla una pila de agua bendita con una pequeña rama de boj.
Cuando Catalina entró no tuvo que hacer más que arrodillarse junto al lecho de su madre, con su libro de oraciones en la mano.
Entretanto Pitou se encargaba de los otros detalles fúnebres, es decir, que no atreviéndose a ir a casa del abate Fortier, con quien no estaba bien, fue a buscar al sacristán, para encargarle la misa de difuntos, y después buscó a los portadores, para avisarles la hora en que debía recoger el ataúd. No olvidó al sepulturero, para encargarle que abriese la fosa.
