La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Pitou dio cuenta a la joven de cuanto había hecho, e invitóla a salir para tomar un poco el aire.
Pero Catalina quería cumplir sus deberes hasta el fin, y rehusó.
—Esto será malo para el pequeño Isidoro —murmuró Pitou.
—Pues lleváosle si queréis.
Pitou salió como para obedecer, pero volvió a los cinco minutos.
—¡No quiere salir conmigo —dijo—, llora!
Y, en efecto, por las rejas entornadas oyó los gritos del niño.
Entonces besó la frente del cadáver, cuyas formas se reconocían a través del lienzo, y luchando entre sus dos sentimientos de hija y de madre, salió al fin.
El pequeño Isidoro lloraba, en efecto; Catalina le cogió en sus brazos, y siguiendo a Pitou salió de la granja.
Detrás de ellos entraba el carpintero con el ataúd.
Pitou quería alejar a Catalina durante media hora poco más o menos.
Como por casualidad la condujo al camino de Boursonnes.