La Condesa de Charny

La Condesa de Charny

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Este camino tenía tantos recuerdos para la pobre joven, que recorrió media legua sin decir nada a Pitou, escuchando las voces de su corazón y contestándolas silenciosamente.

Cuando Pitou creyó que la fúnebre operación había terminado, dijo a Catalina:

—Si volviésemos a la granja…

La joven salió de sus pensamientos como de un sueño.

—¡Oh, oh! —exclamó—, sois muy bueno, amigo Pitou.

Y volvió a tomar el camino de Pisseleu.

Al volver, la señora Clement hizo una seña a Pitou, indicándole que la operación había terminado.

Catalina entró en su habitación para acostar al pequeño Isidoro.

Cumplido este deber maternal, quiso ir a sentarse junto a la difunta.

Pero en el umbral de la puerta encontró a Pitou.

—Es inútil, señorita Catalina —le dijo—; todo ha terminado.

—¿Cómo?

—Sí… en nuestra ausencia…

Pitou vaciló.

—En nuestra ausencia, el carpintero…

—¡Ah!, he aquí por qué habéis insistido para que saliese… ¡Comprendo, buen Pitou!


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