La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡A Villers-Cotterêts! —gritaron todas las voces.
Pitou hizo una seña a cuatro de sus hombres, se deslizaron los cañones de dos fusiles por debajo del ataúd y se levantó a la difunta.
En la puerta debió pasar por delante de Catalina, arrodillada, y que tenÃa a su Isidoro arrodillado también.
Después de pasar el ataúd, Catalina besó el umbral de aquella puerta, que no pensaba pisar ya jamás y al levantarse dijo a Pitou:
—Me encontraréis en la choza del padre Clouis.
Y por el patio de la granja y los jardines, que daban a una calle, se alejó rápidamente.