La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Con sólo verlos ocupar tumultuosamente sus asientos en la Cámara, se adivinaba el huracán que debÃan producir las borrascas del 20 de junio, del 10 de agosto y del 21 de enero.
La derecha quedó suprimida, y con ella la aristocracia.
La Asamblea entera estaba armada contra dos enemigos: la nobleza y el clero.
Si estos resisten, el mandato que aquella ha recibido se reduce todo a exterminarlos.
En cuanto al rey, se ha dejado a la conciencia de los diputados juzgar de la conducta que respecto a él debe observarse; se le compadece, y se espera que podrá sustraerse del triple poder de la reina, de la aristocracia y del clero; y si apoyase a estos, se le reducirÃa con ellos a la nada.
¡Pobre rey! Ya no se le daba este tÃtulo ni era Luis XVI, ni Majestad: se le llamaba el poder ejecutivo.
Lo primero que hicieron los diputados al entrar en aquella sala, cuya distribución les era desconocida, fue mirar a su alrededor.
En ambos lados habÃa una gran tribuna reservada.
—¿Para quién son esas tribunas? —preguntaron algunos.
—Para los diputados que acaban de salir —contestó el arquitecto.