La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Después del debate acerca de los sacerdotes constitucionales no terminado aún, se trató de los emigrados.
Esto era pasar de la guerra interior a la exterior, es decir, tocar las dos heridas de Francia.
Fauchet había tratado la cuestión del clero, y Brissot trató la de la emigración.
Y lo hizo de una manera elevada y humana, tomándola desde donde un año antes Mirabeau la había dejado caer de sus manos moribundas.
Pidió que se estableciese una diferencia entre aquellos a quienes el miedo obligó a emigrar y los que emigraron por odio a la revolución; añadiendo que con los unos debía mostrarse indulgencia y con los otros severidad.
Según su parecer no se podía encarcelar a los ciudadanos en el reino, sino que, por el contrario, se debían dejar las puertas abiertas a todos.
Se opuso a la confiscación de los bienes de los que habían emigrado por odio.
Y pidió solamente que se dejase de pagar a los que se habían armado contra Francia.
¡En efecto, era maravilloso que Francia continuase pagando en los países extranjeros a los Condé, a los Lámbese y a los Carlos de Lorena!
Vamos a ver cómo correspondieron los emigrados a esta moderación.