La Condesa de Charny
La Condesa de Charny Isnard, al contrario de Vergniaud, que era un hombre tranquilo, Isnard era el eco de la cólera de la Asamblea. Nacido en Grasse, país de los perfumes y del mistral, poseía los repentinos y violentos furores del gigantesco huracán que con igual facilidad arranca las rocas y deshoja las rosas: su voz estalló en la Asamblea como uno de los truenos imprevistos de las primeras tempestades del estío. La Asamblea, al oír su acento, se estremeció; las personas más distraídas levantaron la cabeza, y todas se disponían a preguntar, como Caín al oír la voz de Dios: «¿Os dirigís a mí, Señor?».
En aquel momento, multitud de voces comenzaban a interrumpirle.