La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¡Despertaos!
Los ojos de la joven se animaron al punto; los miembros perdieron su rigidez, y miró a Gilberto casi con terror, recordando, aunque despierta, las recomendaciones que le habÃa hecho durante su sueño.
—¡Oh, corred, corred —exclamó—, y sacad a Sebastián de las manos de ese hombre, que me da miedo!