La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Esperad —dijo el rey—, ya estamos de acuerdo sobre un punto, pero todavÃa nos quedan seis que tratar.
—¿Mis colegas?
—SÃ; yo no quiero que vengáis a decirme que este o el otro os han detenido; asÃ, elegid vuestro ministerio.
—Señor, me imponéis una inmensa responsabilidad.
—Creo que haciéndoosla asumir, obro conforme a vuestros deseos.
—Señor, yo no conozco en ParÃs más que a una persona llamada Lacoste, y debo recomendarla a Vuestra Majestad para la marina.
—¿Lacoste? —dijo el rey—, ¿no es un simple comisario ordenador?
—SÃ, señor; que ha dado su dimisión al señor de Boyne por no tomar parte en una injusticia.
—Esa es una buena recomendación… ¿y los otros?
—Consultaré, señor.
—¿Puedo saber a quiénes vais a consultar?
—A Brissot, Condorcet, Pétion, Roederer y Gensonné…
—La Gironda entera, en una palabra.
—SÃ, señor.