La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Señor, acepto la denominación; se verá que a lo menos somos hombres.
—¿Están prontos todos vuestros colegas?
—Hemos avisado a dos o tres únicamente.
—¿Y los otros aceptarán?
—Creo estar seguro de ello.
—Pues bien, buenas noches; pasado mañana, el primer consejo.
—Señor, hasta pasado mañana.
—Ya sabéis —dijo el rey—, que tenéis hasta pasado mañana para reflexionar.
—Señor, ya lo tenemos reflexionado y sólo vendremos para dar posesión a nuestros sucesores.
Los tres ministros se retiraron.
Pero antes de llegar a la escalera principal, un ayuda de cámara que corrÃa detrás de ellos se acercó a Dumouriez y le dijo:
—Señor general, el rey os ruega que me sigáis; desea hablar con vos.
Dumouriez saludó a sus colegas, y quedándose atrás dijo:
—¿El rey o la reina?
—La reina, que ha creÃdo inútil os dijese delante de esos señores que os está esperando.
Dumouriez movió la cabeza.
—¡Ah!, eso es lo que yo me temÃa —dijo.