La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —¿Rehusáis? —preguntó el ayuda de cámara, que era Weber.
—No tal, os sigo.
—Venid.
El ayuda de cámara condujo a Dumouriez a la habitación de la reina por corredores casi oscuros.
En Seguida, sin pronunciar el nombre del general, dijo:
—Aquà está la persona que Vuestra Majestad ha enviado a llamar.
Dumouriez entró.
Su corazón latÃa con mucha más fuerza que en los momentos de dar una carga o de subir a una brecha.
La razón era que comprendÃa que no habÃa corrido jamás mayor riesgo.
El camino que acababan de mostrarle estaba lleno de cadáveres, de vivos o muertos, y podÃa tropezar con el cuerpo de Calonne, de Necker, de Mirabeau, de Barnave o de Lafayette.
La reina estaba muy encendida y se paseaba con mucha precipitación.
Dumouriez se detuvo en la puerta; esta se cerró.
La reina, aproximándose a él con aire irritado y majestuoso, le dijo: