La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Caballero, en este momento sois poderoso; pero eso es debido al favor del pueblo, y el pueblo derriba fácilmente a sus Ãdolos. Se dice que tenéis mucho talento; empezad por comprender que ni yo ni el rey podemos sufrir más todas estas novedades. Vuestra constitución es una máquina neumática, en donde la monarquÃa se ahoga por falta de aire. Os he enviado a llamar para deciros, antes que vayáis más lejos, que toméis vuestro partido y escojáis entre nosotros y los Jacobinos.
—Señora, siento en el alma que Vuestra Majestad me haga tan penosa confianza; pero habiendo conocido que Vuestra Majestad estaba detrás de la cortina, me esperaba lo que ahora me sucede.
—¿En ese caso habéis preparado vuestra respuesta? —dijo la reina.
—Señora, mi respuesta es que yo me encuentro entre el rey y la nación, pero ante todo pertenezco a la patria.
—¡Patria, patria! —repitió la reina—. ¿Luego el rey no es nadie para que todo el mundo pertenezca a la patria y no al soberano?
—SÃ, señora, el rey es siempre rey; pero el rey ha jurado la Constitución, y desde el dÃa en que pronunció el juramento, el rey debe ser uno de sus primeros esclavos.
—Juramento forzado, lleva consigo la nulidad.