La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Suponed, —continuó Dumouriez— que indico Soissons como lugar del campamento, y que elijo allà como comandante un teniente general enérgico y juicioso, con dos buenos mariscales de campo; después se formarán batallones, y cuando haya cuatro o cinco reunidos y armados, el ministro se aprovechará de las demandas de los generales para enviar esas fuerzas a la frontera. Entonces, bien podéis verlo, señor, ese decreto, propuesto con mala intención, lejos de ser perjudicial, resultará útil.
—Pero —dijo el rey—, ¿estáis seguro de obtener permiso para establecer el campamento en Soissons?
—Respondo de ello.
—En tal caso —dijo el rey— encargaos del ministerio de la guerra.
—Señor —contestó Dumouriez—, en el ministerio de Negocios extranjeros no tengo más que una responsabilidad ligera e indirecta; pero es muy diferente en el de la guerra, porque vuestros generales son mis enemigos; acabáis de ver su debilidad, y yo responderÃa de sus faltas; pero se trata de la vida del rey, de la seguridad de la reina y de la de sus augustos hijos, del mantenimiento de la Constitución; y por lo tanto; acepto. ¿Conque estamos de acuerdo, señor, sobre la sanción del decreto de los veinte mil hombres?
—Si sois ministro de la guerra, caballero, me fÃo completamente de vos.