La Condesa de Charny
La Condesa de Charny En el momento que la Asamblea votaba, por aclamación, que se diesen gracias a los tres ministros salientes, decretando la impresión y el envío de la carta de Roland a los departamentos, Dumouriez se presentó en la puerta de la Asamblea.
Sabíase que era intrépido; pero ignorábase que fuese audaz.
Había sabido lo que ocurría y se presentaba atrevidamente para coger el toro por las astas.
El pretexto de su llegada a la Asamblea era una memoria notable sobre el estado de nuestras fuerzas militares; ministro de la guerra desde la víspera, había hecho este trabajo durante la noche, con ayuda de sus auxiliares; era una acusación contra Servan, que en realidad recaía sobre Grave, y sobre todo sobre Narbona, su predecesor.
Servan no había sido ministro más que diez o doce días.
Dumouriez llegaba muy fuerte; acababa de separarse del rey, conjurándole a ser fiel a la doble palabra dada respecto a la sanción de los dos decretos, y el rey le había contestado, no solamente renovando su promesa, sino afirmándole que los eclesiásticos a quienes había consultado para poner a cubierto su conciencia, habían sido todos del mismo parecer de Dumouriez.
