La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —Tenéis razón, caballero, espero la muerte y la perdono de antemano a mis asesinos; en cuanto a vos, me habéis servido bien, os aprecio y agradezco vuestra sensibilidad… ¡Adiós, caballero!
Y levantándose con viveza, se acercó a una ventana. Dumouriez recogió lentamente sus papeles para tener tiempo de componer su rostro y dejar al rey el necesario para llamarle de nuevo; después se dirigió muy despacio hacia la puerta, dispuesto a volver a la primera palabra que Luis XVI le dirigiera; pero esta primera palabra fue al mismo tiempo la última.
—¡Adiós, caballero, sed feliz!
Pronunciadas estas palabras, no habÃa medio de permanecer un instante más.
Y Dumouriez salió.
La monarquÃa acababa de romper con su último sostén; el rey acababa de quitarse la máscara.
Ahora estaba con el rostro descubierto ante el pueblo. Veamos lo que por su parte hacÃa aquel pueblo.