La Condesa de Charny
La Condesa de Charny —SÃ, sÃ, descuidad; ya os avisaremos. El hombre que seguÃa a Santerre se inclinada sobre el cuello de su caballo, hablaba con ciertos hombres a quienes reconocÃa por ciertas señales, y decÃales: —¡El 20 de junio, el 20 de junio!
Los hombres se marchaban, y en medio del grupo que se formaban en derredor de ellos, veinte pasos más allá, repetÃase:
«¡El 20 de junio!».
¿Qué iba a suceder en ese dÃa? Se ignoraba aún, pero sabÃase que sucederÃa algo.
Entre los adeptos a quienes se acababa de comunicar esta fecha, se podÃan reconocer algunos hombres que no eran extraños a los acontecimientos que hemos referido ya Saint-Huruge, a quien hemos visto salir del palacio real en la mañana del 5 de octubre, conduciendo a Versalles la primera turba; marido engañado por su mujer antes de 1789, fue encerrado en la Bastilla; obtuvo la libertad el 14 de julio, y se vengaba en la nobleza y en la monarquÃa de sus desgracias conyugales y de su encarcelamiento ilegal.
Verriere, a quien ya conocemos. Dos veces hemos visto a este jorobado de Apocalipsis, tan deforme y repugnante; una en la taberna del puente de Sevres, con Marat y el duque de Aiguillon disfrazado de mujer, y otra en el Campo de Marte, momentos antes de romperse el fuego.